La esperanza cristiana, ¿más que optimismo?

Por Sofía Jerez

Es común que en momentos difíciles como lo ha sido esta pandemia nos sintamos abrumados, afligidos, pensativos; pero... ¿te has cuestionado si realmente después de la tormenta viene la calma? Personalmente, confirmo que lo he hecho y no se trata solamente de una “fe debilitada”, sino de la falta de tres elementos esenciales en el camino de todo creyente: fe, esperanza y caridad. Estas tres se definen como virtudes teologales, lo que significa que tienen su fundamento en Dios y por tanto representan una guía en nuestro camino hacia Él.

Si empezamos a definir qué es una virtud nos encontraremos con algo parecido a “la disposición para hacer el bien”; sin embargo, nuestra fe nos asegura que va más allá. Como dice el YOUCAT (Youth Catechism of the Catholic Church): las virtudes teologales son un regalo que nos iluminan y ayudan a acercarnos a Dios. Con la fe, reconocemos la verdad que Dios nos revela en las sagradas escrituras gracias a nuestra inteligencia y el amor que le guardamos. Con la caridad, nos entregamos a los demás, así como Él se entregó a la cruz por nosotros. Y, por último, la esperanza se refiere a la confianza en las promesas que Dios nos hizo desde la creación; aquello por lo que anhelamos con fortaleza encontrar en Dios nuestra plenitud.

Se dice que estas tres virtudes conforman una complementariedad perfecta y es fácil comprobarlo. Sabemos que el propósito de nuestra creación es la felicidad, sin embargo, es difícil entender que estamos llamados a ser felices cuando a nuestro alrededor hay tantas tragedias, donde parece que Dios está ausente. Pero es por la fe que creemos en el amor infinito de nuestro Creador, un amor que nos permite refugiarnos en la confianza que Él siempre está con nosotros (esperanza) y así nosotros podemos ser libres para amar a los demás; es decir, practicar la caridad. Y esto no significa que la esperanza se refiere a un estado optimista donde juzgamos las cosas por su aspecto positivo. Sino que, en las adversidades sabremos reconocer el amor de Dios, iluminados por el Espíritu Santo.

Pero, es nuestro deber que esta espera no sea fría sino que en ella sepamos en todo “amar y servir”. Como dice san Ignacio de Loyola: “haz las cosas como si todo dependiera de ti y confía en Dios como si todo dependiera de él”.

(La autora es integrante de la Comunidad Magis Guatemala).

Este artículo se publicó en la segunda edición de la revista digital IUVENTUS.